La Coctelera

¡Gracia por tu visita! Aquí encontrarás fotografías tomadas por Galia Gálvez Retamozo, la exposición fotográfica itinerante "Senia", La serie "Cautiverio" expuesta en España , poemas, artículos, entrevistas, opiniones, crónicas y más

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LAS FOTOGRAFÍAS DE GALIA GÁLVEZ: TESTIMONIO Y SUBJETIVIDAD

Por: Gustavo Tapia Reyes.

Debo empezar confesando que personalmente no conocía a Galia Gálvez Retamozo (Lima,1983), menos que haya nacido en un campamento minero y fuera una fotógrafa con estudios efectuados en el Museo de Arte y en el Centro de la Fotografía, pero, a raíz de la responsabilidad asignada hube de buscar información que me oriente, en este camino siempre pedregoso, consistente en expresar con palabras algo que no necesariamente se ha amparado en éstas para alcanzar un nivel como las fotografías de Galia Gálvez, en particular sobre la exposición itinerante que del 04 al 15 de setiembre del 2006 realizó en Chimbote, llamándola con el nombre poético de “Senia”. ¿Y qué significa senia? me pregunté entonces iniciando mi periplo mental. Y por más que indagué en el diccionario el término más próximo hallado fue “senil”, que claramente nada tiene que ver con lo que ansía expresar la artista, así es que preferí dejarlo a que otros especulen como en la literatura respecto a “trilce” de César Vallejo o “altazor” de Vicente Huidobro.
Entonces brotaron las imágenes enviadas a mi correo electrónico por Internet. En el casi olvidado blanco y negro con sus degradaciones respectivas, o sea los claroscuros, que otorgan unas sutiles sugerencias. A color también, por supuesto, para estar a tono con la siempre exigente vanguardia de inicios del siglo XXI. Planos, contraplanos, planos medios, planos generales, planos cortados fueron emergiendo ante mis ojos frente a tamaña sorpresa, debido a la versatilidad demostrada por Galia. Ahí es cuando el espectador advierte la clara diferencia que hay entre quien posee una cámara fotográfica, solo porque le urge desempeñar un oficio que le permita sobrevivir (en el Perú nadie vive realmente) y quien está ganado por el afán de captar esos instantes nunca eternos, al soplo en la vorágine de los días que transcurren y que en cualquier momento se presentan como un relámpago en medio de la noche y que, semejante al cuar, cuar, cuar de los pájaros de Hitchcock, causan un impacto repentino para desaparecer conforme vinieron.
Porque en estas fotografías podemos encontrar esos instantes que solo una vez aparecen y que solo el arte fotográfico -por cuanto no olvidemos que la luz es lo más veloz que existe- puede aprehender. Son ocasiones, chispazos, efluvios, momentos, contundencias, gestos, soplos, que el lente de quien también ha editado poemas en las publicaciones “El Bote”(de Chosica), “Centro Poético”(vía Internet), “Plexus”(de Barranca), entre otras, aparte de haber trabajado como reportera gráfica para la revista “Urbania”, impregna para la posteridad tal y conforme desde antaño lo hicieran el francés residente en el Perú Eugene Courret con sus cuantiosas escenas de nuestro pasado histórico o la argentina Sara Faccio respecto a la época del peronismo, que incluye los funerales del dictador gaucho. También el francés Henri Cartier-Bresson desenvolviendo una prolífica labor antes y después de la II Guerra Mundial, sustentando su famosa teoría del “instante decisivo”, el húngaro nacionalizado norteamericano Robert Capa con sus impactantes imágenes que presenció como corresponsal de guerra en las distintas conflagraciones que le tocó presenciar o el argentino, que muchos confunden peruano, Alejandro Balaguer con sus tomas sobre las zonas desérticas de nuestro país, adicionándole de antemano un hálito de misterio y de angustia como en la pintura lo hiciera el también poeta Jorge Eduardo Eielson. Y así la enumeración podría continuar sin que acabemos nunca, porque la fotografía cada vez gana más adeptos como arte, además que sea considerado un trabajo remunerado, no siempre artístico.
Por otra parte, la doble faceta de Galia, de poeta y fotógrafa, no es tan nueva que digamos si no que más bien representa una continuidad. Ya el poeta José María Eguren a principios del siglo XX inició esta tendencia con unas mini fotografías que integran un valioso archivo de 450 tomas, hoy guardadas en la Biblioteca Nacional ni qué decir del narrador mexicano Juan Rulfo con sus enfoques de los ambientes rurales, poblados de humildes personajes acordes a los que presentaría en sus cuentos y única novela. Empero, esto hace que sus enfoques sean de otra naturaleza, acaso recién aparecidos, según se comprueba en las fotografías de ángeles, estatuados desde un punto de vista que parecen gozar su último aliento, previo al suicidio o de la mujer que goza bajo la luz del día, aunque prefiere ocultarse a la sombra, para dejar incógnitas a partir de sus manos, de sus pies, de su cuerpo, un cuerpo no exento de romanticismo expresivo.
Interesante por expresarlo de alguna manera es su serie de autorretratos, donde afronta el riesgo de cortar los planos que se capta a sí misma, envolviéndose en la imprecisión como señalando que su complejidad humana lo muestra incompleta en sus ojos y párpados de mirada crispante, desesperada, de sus labios cerrados (acaso para contradecir el título de Beethoven Medina) junto al lunar o viceversa, además de un retrato algo más pleno, aunque su lente siempre lo haya enfocado desde un ángulo de noventa grados. Es decir, asume experimentos en su afán por ser una artista que trabaja el color con cierta difuminación en consustancia a esas imágenes que tienen un claro tinte social y de protesta, un extremo político si se quiere –aunque ella diga e insista en negarlo-, para revelar esos ámbitos asfixiantes de miseria y pobreza en que viven millones de peruanos, olvidados por todos los gobiernos sin excepción.
En este rubro es que Galia demuestra su alta sensibilidad social, su compromiso para con el tiempo que le toca vivir brindándonos su testimonio (aunque siga negándolo), pues no le da el color solo para fotografiar lo que le parece bello sino también ese lado que siendo horrible, deforme o monstruoso es parte de nuestra realidad, que no es únicamente la costa en su monumentalidad de urbe, igualmente son las comunidades del interior del país, en este caso Oyón, ubicada en la sierra de Huacho (afueras de Lima), aunque también están Churin o Baruk, donde por medio de ese lente social encontramos a niños extraviados en sus miradas, a adultos que parecen no saber nada acerca de la palabra “futuro”, de construcciones habitadas que se han derruido por el tiempo, con arenales en color o ángulos en sepia bajo tan expresivos como dolientes títulos “Esperando a mamá”, “A la luz de la vela”, “Hambre”,“El mar me ha dejado sola”, “Niña y carreta”, “Me alimento del sol”, entre otras, donde hallamos que, según ha escrito el poeta Ricardo Ayllón, “su visión de cotidianeidad se sostiene más bien en la posibilidades del detallismo interpretativo expresado por su lente, es decir, en la diversificación que otorga el movimiento de la luz, el relieve silencioso de la expresión humana, la búsqueda de definición en sus autorretratos y su posición crítica ante el contexto social” .
A todo esto debemos adicionar igualmente las fotografías en que Galia Gálvez, que además estudia Ciencias de la Comunicación en la Universidad San Martín de Porres, apelando a la subjetividad, experimenta con la luz natural de cada día, disparando sobre escenas de niños jugando al atardecer, de otro niño bajo el umbral de su puerta como anónimo que es, de bailarina lanzada a la pista por un impulso inexplicable, sin olvidar esa de serie de “pisos de banco” que derruidos por los caminantes citadinos han derivado hacia caprichosos rostros de perfil que, vistos desde la distancia, hacen sonreír a medias, pero que observados desde más cerca se tornan inquietantes. En suma, estamos ante una propuesta que evidencia el recorrido vital permanente de la autora, armada de una cámara fotográfica por doquiera que va, para dejarnos, pese a su juventud (juventud, divino tesoro, ya te vas para no volver, decía el nicaragüense Rubén Darío) esas imágenes que su inquietud artística la ha llevado a captar sin descanso, desde el ayer al presente, desde el ahora al mañana mismo, en nuestro entorno, aquí o allá, debajo del puente o por encima, o sea entre lo real y lo ficticio “impregnándonos con vivencias y aromas que dejan huellas en el quehacer fotográfico”. Augurémosle pues un porvenir en la medida que afinando más su sensibilidad, no descuide tampoco su técnica, siempre necesaria y que vaya más allá de “Senia”, nombre con que ella –según dijo- era llamada cuando niña.

1- Del catálogo publicitario, impreso espacialmente para el Exposición Fotográfica “Senia” de Galia Gálvez, desde el 4 al 15 de setiembre del 2006, en el auditorio de la Universidad Privada San Pedro.

2- LUJÁN, Rómulo, ibídem.

15, sep | 3 comentarios Posteado por: galiagalvezretamozo_lloviznazul En: Fotografía Periodismo compártelo Tags: senia

3 comentarios

galiagalvezretamozo_lloviznazul 3 abr 2008 | 02:30 AM

Este es un ensayo que me hizo un amigo periodista del norte de Perú, de Chimbote, Gustavo Tapia Reyes

Luis Fernando 17 sep 2008 | 06:56 PM

es muy chevere el trabajo tuyo te felicito y deseo la mejorde las suertes un abrazo

Carla Patricia Palacio Cabello 21 dic 2008 | 07:27 AM

Hola amiga que gusto encontrar articulos relacionados a tus trabajos y la forma como te criaste y naciste
tienes un talento muy especial
ojala me invites a tu fiesta de graduacion recuerdo cuando tu me lo dijiste pero por circunstancias del destino aun no la termino
me toco gente que no me queria y que siempre me hizo de lado tanto en noveno como en decimo ciclo
pero mas adelante quiza la situacion sea diferente y pueda ser bachiller
disculpa si no me pude reunir contigo cuando dijiste para ir al concierto de baretto pero como te dije estoy juntando para poder terminar el taller que me falta y cuando culmine pueda darme mis gustos y comprarme todas las cosas que yo quiera
Te deseo lo mejor y muhca suerte en todo
Tu amiga desde primer ciclo Carla Palacio

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